La Guia Roja Michelin, en su edición 2009 ha quitado una estrella al restaurante Zuberoa de Oiartzun, regentado por Hilario Arbelaitz y eso ha desatado las iras de nuestros “keridos monstruos ñoñostiarras", Mitxel Ezquiaga e Iñigo Galatas.
Mitxel Ezquiaga, en “La agenda portátil” (DV 22.11.08) tras indicar sobre la Guía que “todo el mundo (la) tacha de desprestigiada y trasnochada…” reconoce que le hacen mucho caso tanto los medios de comunicación como los propios cocineros. ¿En qué quedamos? ¿Quién es, entonces, “todo el mundo”?
El mismo Ezquiaga en su crónica sobre el Congreso de Gastronomía (DV 24.11.08) se refiere de nuevo al tema hablando de la “resaca Michelin” y adelanta que “el congreso prepara una ovación de desagravio a Hilario Arbelaitz cuando presente ponencia el miércoles”. Sorprende que haya que desagraviar a alguien por la evaluación de una guia desprestigiada y trasnochada … Igual es porque no lo es tanto.
Por su parte, Iñigo Galatas (consultor de comunicación, publicitario, “bon vivant”…) que, como él mismo dice, en el 92 se cayó en una cuba de buen vino y se hizo la luz, ha arremetido con virulencia contra la famosa guía. En su blog “Sopa de Ganso” y con el título de “Que se la metan … por donde les quepa” (¡ahí es nada!), recomienda no comprar la Guía Michelin por ser un insulto a la gastronomía, nada menos.
Al mismo tiempo, para reforzar su argumentación, no tiene inconveniente en menospreciar a otros dos restaurantes donostiarras (me imagino que se trata del Kokotxa y del Kursaal) que, teniendo una estrella Michelin, según él “no ofrecen ninguna emoción ni en su cocina ni en su servicio”. Me parece lamentable.
Estoy convencido de que la decisión de quitar una estrella a un restaurante es tan importante, o más, para la citada Guía, que conceder una nueva estrella. Y de que estas decisiones no se hacen a la ligera. Pero, no lo olvidemos, son solo opiniones, y como tal hay que considerarlas. Al fin y al cabo es el público quien pone a cada uno en su sitio, digan lo que digan las guías o los críticos.
Los señores Ezquiaga y Galatas, a quienes leo habitualmente, también realizan evaluaciones, con las que no siempre estamos todos de acuerdo. Pero no por eso les descalificamos ni arremetemos contra ellos. ¿Os imagináis que cada vez que no estuviéramos de acuerdo con alguna crítica de una película o de un restaurante les insultáramos y recomendáramos no comprar El Diario Vasco? No, por favor, ni lo penséis.
Lo que está claro es que las estrellas importan, y mucho. Por algo será.
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