martes, 18 de noviembre de 2008

No tenemos derecho a quejarnos

Ayer asistí a una jornada que sobre “Tecnología en los hogares para personas dependientes” organizaba Enpresa Digitala en colaboración con APTES (Asociación para la Promoción de la Tecnología Social).

La jornada, como siempre (ya es la tercera jornada a la que acudo de las propuestas por Enpresa Digitala) estuvo tan bien organizada como estructurada. Se hizo un repaso, del futuro (investigación en la Universidad de Zaragoza), del presente (BJ Adaptaciones) y del costo económico de las adaptaciones (proyecto teórico/práctico).

Pero quiero centrar mi comentario en la presentación realizada por Borja Romero, Director General de BJ Adaptaciones, porque presentó varios videos de casos reales y por su propia experiencia personal que es apasionante.

Vimos varios casos de personas con una movilidad muy reducida, a veces casi nula (en uno de ellos, una señora se valía de un punzón bucal, sí, lo manejaba con la boca, para, con un único mando, levantar/bajar las persianas, encender/apagar la televisión o el ordenador, etc).

Y en el caso de Borja, su propio hermano Joaquim padece una esclerosis múltiple. Los dos hermanos, lejos de hundirse ante la situación, crearon su empresa para solucionar los problemas tanto de Joaquim como del resto de personas dependientes. Y hoy es el día que, con un estado bastante avanzado de la enfermedad, este hombre es bastante independiente (el video personal en que mediante unos arneses y un polipasto, manejado por él mismo, era capaz de salir de la cama, llegar al cuarto de baño y desplazarse hasta la ducha o el wáter, era espectacular).

Fue muy enriquecedor comprobar que mucha gente trabaja en estos temas, y que cada vez más existen soluciones que, aunque todavía son caras, empiezan a ser asequibles.

Pero lo que más me impactó fue ver cómo las personas afectadas, y algunas estaban realmente muy “fastidiadas”, tenían una enorme ilusión por vivir. Y, como ocurre cuando sales de un hospital, pensé que no tenemos derecho a quejarnos por tonterías. No. Ni por nosotros ni por ellos.

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